Héctor Felipe Cruz Corzo


Hector Felipe Cruz Corzo

Eddy Roma se entrevista con un escritor que ha consagrado su trabajo al público infantil: Héctor Felipe Cruz. Detrás de sus novedades hay 25 años de producción literaria.

Muchas generaciones de niños han aprendido sus primeras letras con las obras de este autor, y otras más, se han deleitado con sus poemas y cuentos. No sólo en Guatemala, sino en Latinoamérica.

Héctor Felipe Cruz Corzo es poco conocido. Este escritor, oriundo de San Lucas Tolimán, decidió vivir en el anonimato para dar a conocer su trabajo, eminentemente consagrado al público infantil. La ausencia biográfica y bibliográfica en sus libros, así como la poca información suya disponible en Internet reflejan la postura que ha mantenido en los 25 años de trayectoria.

Esta entrevista hará que eso cambie. Hay un motivo de peso: a partir de esta semana la obra de Cruz Corzo adquiere un nuevo matiz. Grupo Amanuense se aventura a publicar, por primera vez, una colección infantil y juvenil.
La editorial ya cuenta con el primer tiraje de Divertirrimas de la granja. Y en las próximas semanas pondrá en circulaciónAprendecedario y ¿Dónde estoy?, también de Cruz. Las tres obras forman parte la colección Lecturas para gente menuda, la cual incluye a autores latinoamericanos, y además del castellano estará disponible en idioma maya.

Primera vocación

Mi búsqueda de datos en Internet acerca de Héctor Felipe resultó infructuosa. Al comentárselo me dice: “Siempre consideré que era más importante mi trabajo que proyectar mi imagen. Mi idea siempre fue elaborar un trabajo que fuera de beneficio para los niños y para los jóvenes, y no tanto mi personalidad. De esa cuenta yo he tenido mucho éxito, gracias a Dios, pero no me conocen. Se han dado casos como un vecino que se fue a todas las librerías de Guatemala a buscar uno de mis libros, y después buscó en todas las de Antigua, para encontrarse con que finalmente me tenía a la par. No sabía quién era yo ni que el libro era mío. Incluso en los libros que he publicado no aparece nada de mi biografía ni de mi labor, porque la intención es que los libros se defiendan solos”.
Héctor Felipe nació en San Lucas Tolimán, uno de los 12 pueblos situados a orillas del lago de Atitlán. Su padre era el telegrafista del lugar y compartía con su esposa la crianza de siete hijos. Era un pueblo aislado, aunque autosuficiente, que sólo contaba con una camioneta que realizaba un viaje semanal a la capital, salía el martes y regresaba el miércoles. Al no existir televisión, las sobremesas ofrecían otras distracciones. “Mi papá era un extraordinario narrador de cuentos y de historias”, recuerda Héctor Felipe. “Él narraba sus vivencias y nos atraía a todos, de manera que él influyó bastante en mi vocación de escritor”.

La madre gustaba mucho de la poesía. “Ella fue declamadora en la escuela primaria”, refiere. “También cantaba muy lindo y ella nos inculcó el amor por las letras, los buenos modales, las buenas costumbres, la cortesía y la buena educación. A ellos dos, y a los maestros, les debo el haber tomado como vocación la literatura”. A Héctor Felipe se le quebrará la voz y se le humedecerán los ojos cuando comparta, más tarde, que su madre le entregó el dinero para financiar la publicación de su primer libro, Poemas para declamar.

Su primera composición literaria data de esa época. “Estaba en cuarto primaria cuando hubo un concurso de pensamiento a la patria organizado por la Biblioteca Popular, con el respaldo de la Biblioteca Nacional de Guatemala”, cuenta. “Esa vez obtuve el segundo lugar. A partir de ahí me empezó a gustar visitar la Biblioteca Popular, y asistía a leer un poquito, de seis a siete de la noche”. En el pueblo vivía un poeta llamado Amado Letona, quien era fiel a su condición de bohemio. “Una vez se encontró con mi papá. Andaba vendiendo un libro y se lo ofreció. Es un libro precioso que se llama Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno, del poeta italiano Julio César Croce. Es la historia de un campesino socarrón que llega hasta la corte, y es muy llano para leerlo. Entonces me obsesioné con la lectura”.

Magisterio y literatura
El traslado del padre a Ciudad Vieja favoreció el ingreso de Héctor Felipe al Instituto Normal para Varones Antonio Larrazábal, de Antigua Guatemala. “A mí sí me gustaba el magisterio”, cuenta, “aunque es un trabajo duro y muy mal remunerado, pero no había otras opciones. Si había que seguir perito contador, como mi hermano, había que pagar colegio, y yo no podía cargarle eso a mi papá. Decidí seguir magisterio y todo fue bien. Si la prevocacional fue un poco dura, la vocacional se fue sobre ruedas. Creo que obtuve el punteo más alto de todos los tiempos en el examen de graduación como maestro”.

De esa época guarda memoria del maestro José María Vielman España, más conocido como don Chemita. “El hombre era un erudito”, describe. “Él sabía latín y conocía de filosofía, de psicología, de pedagogía. Era músico y poeta. Ni en la Universidad de San Carlos encontré un maestro tan completo como él”. En ese período conoció al poeta Enrique Estrada Sandoval, con quien años después fundaría el grupo literario El Sereno. “Escribía todo el tiempo que pasé como estudiante en el instituto, y siempre tuve la ilusión y la intención de llegarles a enseñar algo, pero sabía que si no valía la pena lo que les enseñaba, ellos me iban a sepultar”, dice.

Ya graduado de maestro, se dio cuenta de que había una gran necesidad de literatura para niños. “Los niños siempre estaban declamando los mismos poemas, como Adiós a Guatemala”, señala. “Entonces dije yo ‘por qué no hacérselos’, y empecé a escribir poemas para ellos, para asesorarlos y entrenarlos en la rama de la declamación. Ahí es donde empiezo a crear literatura para niños, especialmente orientada al civismo. Y de ahí nace el primer libro, que se llama Poemas para declamar. En ese libro yo escribo poemas como El pan de las ausencias, Guatemala mártir, El credo de mi patria y Al árbol nuestro amigo”.

Años después, un cuento que escribió para la colección Colorín Colorado, de Editorial Piedra Santa, titulado El caballito de siete colores, basado en la tradición oral de la Costa Sur, obtuvo un reconocimiento en la Feria Mundial de Literatura realizada en Sao Paulo, Brasil. La coedición latinoamericana le compró los derechos a Piedra Santa y lo publicaron en todos los países de habla hispana. Héctor Felipe, quien cedió los derechos del cuento a la editorial, no percibió ninguna regalía.

La difícil comunicación
El narrador cubano Ariel Ribeaux Diago escribió que la literatura infantil es el género más difícil que existe, “por problemas del lenguaje y necesidad de establecer una real comunicación con el lector principiante”. Ante ese comentario, Héctor Felipe declara: “Lo que sucede es que hay que atender a los intereses, las necesidades y el gusto de los niños. En cierta forma, cuando uno está escribiendo, regresa a ser niño. De otra forma no podría escribir, porque el mundo del adulto ya está contaminado”.

El humor tiene gran participación en los trabajos de Héctor Felipe. “Yo elaboro un tipo de literatura jocosa, alegre y divertida, que atrae a los niños a los libros como las flores con su miel atraen a las abejas”, menciona. “Esa fórmula la descubrí después de 35 años de escribir y con la ayuda de Dios, naturalmente”. Para obtener esa gracia, absorbe los elementos de la vida cotidiana y las palabras que usan los patojos.

“Tenía un alumno que me daba problemas”, ejemplifica. “Un día le escribí una poesía que se llama Robot bullanguero, utilizando el lenguaje de ellos para que me entendiera. Dice: Robot de hojalata, circuitos y cables, por favor no hables que das tanta lata. Ojalá tu mata de cables plegables te electrice el coco y así poco a poco, cada vez que hables, serás más amable que un muñeco loco, pelado de cables, al que de seguro le patina el coco”.

Lugar de inspiración
El vecindario en donde reside el profesor y escritor Héctor Felipe Cruz Corzo disfruta de una tranquilidad y silencio envidiables. En contraste con la contaminación auditiva de lugares más céntricos, es un remanso escuchar en su hogar la programación de Fabu Stéreo.

En este ambiente el escritor piensa y escribe, desde hace más de 25 años, una obra literaria dirigida al público infantil. Un trabajo que empezó con tirajes modestos, patrocinados por familiares o el bolsillo del propio autor, que llegó a interesar a varias editoriales con proyección internacional.

“Acá yo trabajé un cuento para cada letra del ABC. Es un libro que se roban de maestro a maestro, de maestro a alumno, de alumno a maestro. Ocurre eso porque si se lo prestan y lo conocen, y ven la utilidad que tienen, ya no lo regresan. Esto lo sé porque la misma gente me lo ha contado”.

FORJA Y PRÁCTICA
“Empecé a escribir como todos los jóvenes que tienen inquietud de escribir; es decir, libremente”, dice Héctor Felipe. “Pero después me di cuenta de que uno necesita conocer de preceptiva para ponerse a escribir y me puse a estudiar las formas literarias”.

A sugerencia del poeta Enrique Estrada Sandoval, Héctor Felipe compró y estudió un ejemplar de Preceptiva literaria, de Enrique Muñoz Meany. “Entonces ya pude escribir con métrica. Conocí los distintos metros de los versos y las diversas formas literarias. Eso lo tiene que saber quien se dedique a escribir, porque si no, lo único que hace es expresarse, sin tener una formación”.

“No tuve un maestro que me dijera cómo escribir”, prosigue. “Por la casa pasan muchos jóvenes, les cuento un poco sobre mi historia, y les hablo claro. A algunos no les gusta pero yo hubiera querido que eso hicieran conmigo, porque fui aprendiendo a trompicones. Todo el caudal que he logrado acumular lo he ido descubriendo en los libros. A veces a un autor se le encumbra tanto, y cuando uno lee lo que escribió, no vale la pena. Hay autores que son muy sencillos, escriben unas cuantas líneas, y ya sabe uno la calidad que tienen”.

“Hay poemas que salen a la primera”, comenta. “Cuando la inspiración fluye salen fácil, como si se los estuvieran dictando a uno. Pero el escritor no tiene que conformarse. Los libros míos que edito por mi cuenta, que son muy pocos, les doy hasta unas cinco u ocho revisiones. Siempre procuro que salgan lo mejor posible”. Persona creyente, Héctor Felipe dedica sus escritos a Jesús Niño.

Publicaciones conocidas:  COLORÍN COLORADO, EL CABALLITO DE SIETE COLORES, EL CABALLITO DE SIETE COLORES Y LA PRUEBA DE LA SORTIJA,LA QUEJA DEL SANATE, LOS ANIMALES FUGITIVOS, LA CAPTURA DE PIE DE LANA, EL APRENDECEDARIO, DIVERTIRRIMAS DE LA GRANJA, ¿DÓNDE ESTOY?, ANDARES ANDARES(Premio centroamericano de poesía) etc.

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