Los chistes


Los muy arraigados como Don Chebo, Tío Chema, los huitecos y el ex-dictador Lucas, o el recientemente adoptado Pepito y el local Don Tono Galindo (QEPD) con su caracterista expresion ” no me la va creer mi hermano ”  son los protagonistas de cientos de Chistes y relatos que han arrancado sonrisas y carcajadas a varias generaciones de luqueños  que por tradición, buscamos motivos para reír. Según los historiadores, la mayoría de estos personajes existieronla tradición oral, aca en Lucas Tolimán no es la escepción, La tumba  de Don Tono Galindo aún existe en el cementerio general de nuestro municipio. En su caso, experiencias auténticas de su vida como un personaje gracioso, fueron convertidas en chistes luqueños y relatos   que hasta ahora nos siguen divirtiendo.

Algunos chistes de Don Tono Galindo:

la radio don tonoLA PERDIDA DE MI RADIO

Cierto día, no me lo van a creer. Empujé mi canoa, subí a bordo y me fui a pescar. Para no estar aburrido llevé mi radio de transistores  y lo encendí. ”Noche de ronda, que triste pasas … Julio Iglesias interpretando uno de los éxitos de Agustín Lara. En eso, el Xocomil que se desata, vienen los tumbos, la canoa se balancea y el radio se me cayó de las manos. ¡Jesús María!, exclamé. Y me quedé petrificado. Ni pensar en buscarlo pues cuentan que el lago e Atitlán no tiene fondo. Me quedé triste por mi radio y apenado por la empapada que se dio Julio. Pero Dios que todo lo hace. Un año después me invitaron a una excursión al Puerto de San José. Llevé mi quipo de pescar para batallar un poquito con el mar. Yo que lanzo el curricán y antes que tocara ara el agua, un robalo le salió al encuentro y se lo tragó en menos tiempo de lo que tarda un suspiro. Me costó un bigote sacarlo,  pues poco faltó para que me tumbara. Hermoso animal calculé que pesaba cerca de dos arrobas.

Ya, sobre el muelle al destrabarle los anzuelos y sacarle el Curricán escuché un ronroneo. ¡Caramba! -dije yo—. Este es un pescado con asma. Desenvainé mi cuchillo le abrí la Barriga. / No me lo van a creer mi hermano  adentro estaba mi radio todavía funcionando; lo reconocí en el  acto porque tenía grabadas mis iniciales T. G. Y el pobre Julo  Iglesias temblando de frío seguía contando “Luna que se quiebra las tinieblas.

los caites don tonoMIS CAITES DE CUERO DE COYOTE:

Con mis caites de cuero de coyote no hay quien me gane para los carreras. Hace quince días, estába  todo lo gente de Patulul que lo diga, lo Andrea estaba enferma. Fui con don Tulo el farmacéutico y recetó una medicina que no tenía en su farmacia. Me puse mis caites de cuero de coyote y me coloqué en dirección de Patului.

¡Jesús me ampare! —exclamé. Con la velocidad que llevaba:

Santa Alicia, Pampojila, Miramar, Cacaguate,  San Julián, Tarrales  solo fueron sombras ante mi vista. Ya para llegara Mazatenango quise aminorar lo velocidad, pero no pude. Un minuto

después, si no me agarro de uno de los pollitos del parque voy a parar a Tapachula.

Entré a la farmacia, compré la medicina y me puse en dirección de regreso al pueblo. Cuando llegué, la Andrea ni lo creía.

Con decirles que cuando salí de la casa ella trataba de ponerse los zapatos; y cuando regresé, todavía no se los había terminado de poner.

Tomado del Libro Sementera de Prof. Héctor Felipe Cruz Corzo.

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